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Do justice

A series of essays in the Episcopal Church


EXPOSICIÓN DEL OBISPO SOBRE LAS RAZONES EN EL CONSENTIMIENTO AL CANONIGO ROBINSON EN LA 74ta. CONVENCION GENERAL DE ECUSA

EXPOSICIÓN DEL OBISPO SOBRE LAS RAZONES EN EL CONSENTIMIENTO AL CANONIGO ROBINSON EN LA 74ta. CONVENCION GENERAL DE ECUSA

Mis amados/as en Cristo:

A continuación les ofrezco una exposición más detallada e informativa sobre las razones para el consentimiento al Canónigo Robinson.

Es mi deber el preocuparme por la enseñanza y el continuado crecimiento en el conocimiento bíblico-teológico entre el clero y feligreses en nuestra Diócesis.

A esos fines, esta exposición enfatiza en los aspectos de la exégesis bíblica, el conocimiento actual sobre la homosexualidad y las posiciones contemporáneas en la Teología Moral.

El cubrir tales temas en poco espacio, tiene que hacerse en forma resumida y bosquejada. Así lo presentamos con la esperanza que el contenido sea de provecho.

Por sobre todo, en el espíritu anglicano de búsqueda de un discernimiento más amplio, te invito a la consideración de lo aquí presentado.

En Cristo,

+David Andrés Alvarez,

Obispo

24 de septiembre de 2003


 

EXPOSICIÓN DEL OBISPO SOBRE LAS RAZONES EN EL CONSENTIMIENTO AL

CANONIGO ROBINSON EN LA

74ta. CONVENCION GENERAL DE ECUSA

I. El método de la exégesis de los textos bíblicos sobre el tema

* La Biblia no se debe interpretar literal- mente

* Contradicciones por la interpretación literal de pasajes en el Código de San- tidad en Deuteronomio y Levítico, los evangelios y epístolas. Por ejemplo:

- No comer carne de cerdo (Deuteronomio 14:8)

- Virginidad

(Deuteronomio 22:13-20)

- Pena de Muerte

(Deuteronomio 22:22-27)

(Levítico 20:10-17)

- Forma para el Divorcio (Deuteronomio 24:1-4)

- Comer sangre (morcillas)

(Levítico 17:10-14)

- Usar ropa de materiales mezclados

(Levítico 19:19)

- Esclavitud

(Levítico 19:20-22 / 25:44-46)

- Tatuajes

(Levítico 19:28)

- Impedimentos para el sacerdocio

(Levítico 21:17-20)

- Cortarse la mano

(S. Mateo 5:27-30)

- Coger serpientes

(S. Mateo 16:17)

- La mujer en la iglesia

(I Timoteo 2:11-15)

- Esclavitud

(Filemón 11)

II. Exégesis de los textos bíblicos:

GENESIS 19:1-11

1 Llegaron, pues los dos ángeles a Sodoma a la caida de la tarde; y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, se levantó a recibirlos, y se inclinó hacia el suelo,

2 y dijo: Ahora, mis señores, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis, y lavaréis vuestros pies; y seguiréis vuestro camino. Y ellos respondieron: No, que en la calle nos quedaremos esta noche.

3 Mas él porfió con ellos mucho, y fueron con él, y entraron en su casa; y les hizo banquete, coció panes sin levadura, y comieron.

4 Pero antes que se acostasen, rodearon la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo, junto, desde el más joven hasta el más viejo.

5 Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a tí esta noche? Sácalos, para que los conozcamos.

6 Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró la puerta tras sí,

7 y dijo: Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad.

8 He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos varones no hagaís nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado.

9 Y ellos respondieron: Quita allá; y añadieron: ¿Vino este extraño para habitar entre nosotros, y habrá de erigirse en juez? Ahora te haremos más mal que a ellos, Y hacían gran violencia al varón, a Lot, y se acercaron para romper la puerta.

10 Entonces los varones alargaron la mano, y metieron a Lot en casa con ellos, y cerraron la puerta.

11 Y a los hombres que estaban a la puerta de la casa hirieron con ceguera desde el menor hasta el mayor, de manera que se fatigaban buscando la puerta.

Génesis 19:1-11 (Versión Reina-Valera, Revisión de 1960)

El relato de Sodoma y Gomorra es una etiología o leyenda que explica porqué fueron destruidas súbitamente estas prósperas ciudades del Mar Muerto. Los exégetas modernos están casi unánimemente de acuerdo en que el pecado que precipitó la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra, según esta narrativa, lo fue la violación de las leyes de hospitalidad y el intento de violación homosexual en masa. Lo que caracterizaba como malvados a los habitantes de Sodoma y Gomorra no era su homosexualidad, sino más bien su embrutecimiento y falta de consideración en el trato con otros seres humanos. La siguiente evidencia parece dar un carácter sexual al pecado de Sodoma y Gomorra. Primeramente, el uso del verbo “yada” (conocer), que en hebreo se refiere al conocimiento integral experiencial, el cual, por tanto, incluye al acto sexual. Segundo, que sean los hombres de la ciudad los que piden “conocer” a los visitantes de Lot. Esto implica una acción homosexual. Tercero, que Lot ofrezca sus hijas. Esto denota que la acción a la cual se opone es de carácter sexual. A pesar de esta evidencia, resulta exagerado el énfasis puesto a través de los siglos sobre el homosexualismo como acreedor de este enorme castigo de parte de Dios, ya que se está censurando un acto homosexual particular (violación en masa) y no al homosexualismo en general.

Esta interpretación ha sido retada por D.S. Bayley de la siguiente manera, tratando de demostrar que no hay indicio de pecado sexual y que la única falta fue la trasgresión a las leyes de hospitalidad. Bayley destaca el hecho de que el verbo “yada” se use solamente 1/10 parte de las veces en la Biblia para denotar el acto sexual y siempre haciendo referencia a la relación heterosexual. Recalca, además, que la mención de los varones obedece al hecho que son ellos los que mueven la vida pública, pero probablemente había mujeres presentes en el incidente. Bayley añade que, siendo tan sagrada la ley de la hospitalidad, y siendo Lot un extranjero, éste recurre a cualquier procedimiento para defender a sus huéspedes, (como entregarles sus hijas a los de Sodoma), era de carácter sexual. Este reto de Bayley arroja ciertas dudas sobre la interpretación anteriormente expuesta.

El pasaje paralelo de Jueces 19 (el levita y su concubina) es aún más crudo y las connotaciones sexuales más evidentes. Podemos concluir que el pecado de Sodoma y Gomorra es la violencia sexual, el asesinato, y la violación de la “ley de la hospitalidad”. Además de la evidencia interna, tenemos evidencia externa para esta conclusión, la cual explicaré a continuación.

En los Evangelios estas ciudades son símbolos del rechazo a Jesús y de la falta de hospitalidad hacia sus discípulos, no del homosexualismo (Mateo 11:24, 10:5; Lucas 10:12). Los profetas tampoco interpretan el pecado de Sodoma y Gomorra como homosexualismo. Algunas acusaciones de los profetas contra las ciudades son: violencia e injusticia (Isaías 1:9-10, Jeremías 23:19); el orgullo y la soberbia (Isaías 3:9, 13:19, Ezequiel 16:49); el lujo (Ezequiel 16:49); la opresión del pobre y el necesitado (Ezequiel 16:40).

En la literatura intertestamentaria vemos cómo se da una evolución de este tema en el judaísmo tardío, el cual reacciona en contra de las prácticas homosexuales helenistas, quedando éstas finalmente identificadas con Sodoma. Hay dos pasos en esta evolución. El primero es la identificación del pecado de Sodoma con el de Génesis 6:2-4 (deseo de cambiar el orden de la naturaleza al anhelar tener relaciones con ángeles) en el Testamento de Neftalí 3:4, 5. El segundo es la aplicación del cambio de orden de la naturaleza a la relación homosexual (en el Testamento de Benjamín 9:1, en II Enoc 34:2, 10:4 y en los escritos de Filón y Josefo en el siglo I).

Las únicas dos alusiones a Sodoma y Gomorra en el Nuevo Testamento reflejan este doble paso evolutivo. En Judas 7: “fueron tras la carne de seres de otra naturaleza” hay una alusión al comercio carnal de hombres y ángeles. En II Pedro 2:6-8 tenemos una interpretación sexual directa: “conducta libertina de aquella gente nefanda de Sodoma y Gomorra”. Esta evolución nos explica cómo la destrucción de Sodoma pasó a ser símbolo de la condenación del homosexua- lismo.

Deuteronomio 23: 17, 18

17 No haya ramera de entre las hijas de Israel, ni haya sodomita de entre los hijos de Israel.

18 No traerás la paga de una ramera ni el precio de un perro a la casa de Jehová tu Dios por ningún voto; porque abominación es a Jehová tu Dios tanto lo uno como lo otro.

Deutoronomio 23:17-18 (Versión Reina-Valera, Revisión de 1960)

En este texto se condena la prostitución, tanto masculina como femenina, pues ambas son abominación. Abominación es una palabra técnica que describe lo relativo a la idolatría. Para entender esta prohibición, hay que saber que las culturas que rodeaban a Israel e influyeron sobre ella (Babilonia, Siria-Palestina, Sumer) tenían una visión sacramental del sexo, tal y como nos lo explica G.R. Taylor. Pensaban que había que realizar el acto sexual para asegurar el nuevo crecimiento de las cosechas. Esta es la base del concepto del matrimonio sagrado donde el Rey (dios subordinado) y la Reina (diosa) anualmente sostenían relaciones sexuales para así asegurar el éxito agrario. Esta diosa pasaba por la etapas de virgen, ninfa y an- ciana. Se conocía por diferentes nombres en las distintas culturas: Aruru (Sumer), Ishtar (Babilionia) y Astarte (Siria-Palestina). Se le representaba como una prostituta, (excepto la diosa Artemis). Se daba libremente a su hijos, y les daba a sus hijas la sensación de libertad sexual. La castidad no era, obviamente, un requerimiento para la mujer en estas religiones. En Babilonia toda mujer tenía que ofrecerse a la deidad como una obligación sagrada permitiendo que un desconocido sostuviera relaciones sexuales con ella (Baruch 6:42-43). Con el correr del tiempo, el tener relación sexual en el sitio sagrado adquirió un valor independiente, de forma que aún varones o niños podían sustituir a las mujeres sagradas.

En el Reino del norte funcionaba el sistema de prostitutas cúlticas o “Kedeshah” para el tiempo de Oseas (Oseas 4:14, 740 AC). En Job y en los libros de los Reyes hay referencias a los sodomitas, o “prostitutas” cúlticos varones (I Reyes 23:7, Job 36:14). No se sabe si todos los “prostitutas” varones servían a personas del mismo sexo, pero, claramente, lo que se está condenando aquí no es la totalidad de la homosexualidad, sino la prostitución cúltica por parte de hombres y mujeres, ya que representaba un elemento cananeo contaminante del culto a Yahvé.

Levítico 18:22, 20:13

22 No te echarás un varón como con mujer; es abominación.

Levítico 18:22 (Versión Reina-Valera, Revisión de 1960)

13 Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre.

Levítico 20:13 (Versión Reina-Valera, Revisión de 1960)

Existen dos leyes del Levítico, insertadas en el Código de Santidad, que son los únicos dos textos del Antiguo Testamento que se refieren claramente a la homosexualidad y la condenan: Levítico 18:22 y 20:13. En los capítulos que comprenden el Código de Santidad (Levítico 17-26) hay referencias a crímenes sexuales, con penalidades bien severas: pena de muerte por adulterio (20:10), por relaciones sexuales entre hombres (20:13) y por bestialismo (20:15-16). El uso de la palabra “Toebah” (abominación), que es una expresión de idolatría, y la condenación, al principio del capítulo 18, de las prácticas idolátricas de los egipcios y cananeos parecen confirmar que la homosexualidad aquí se condena por su relación con la idolatría. El Código de Santidad denota una preocupación por la pureza e integridad cúltica. Por eso se prohíben las relaciones heterosexuales durante la menstruación (18:19), el uso de ropa hecha de materiales mezclados (19:19), y la pena de muerte por deshonrar al padre o a la madre (20:9). Esta pureza ritual impedía, según ellos, que sobrevinieran nuevamente las calamidades del pasado, y el no procurarla causó la caída de Jerusalén en el año 587.

Hay otros aspectos que influyen en la promulgación de éstas leyes. Uno de ellos es la compilación del Código de Santidad durante el Exilio Babilónico y su terminación por parte de sacerdotes reformados para el año 400 AC (esta prohibición no podía existir antes del exilio, pues el homosexualismo fue un factor importante en Israel, como hemos visto, hasta la caída de la monarquía judía). La condenación de los actos homo eróticos probablemente refleja la influencia de los persas, que se da desde el año 539 AC en adelante. Eran tolerantes en cuanto a religión, pero inflexibles en cuanto a la homosexualidad. En el Zem-avesta (las escrituras sagradas persas) diablo es el que se acuesta con un hombre como con una mujer. Para ellos existía una lucha continua entre los espíritus buenos y los malos. Un cuerpo sano ayudaba a la causa del bien. Además, era esencial en esta contienda el mantenimiento de la vida. Se admitía sexo, por lo tanto, para procrear, pero para otros propósitos se consideraba innecesario y hasta detrimental. Llama la atención, además la escasez de leyes (sólo dos) en torno al tema y el hecho de que se condene únicamente la actuación homosexual, en particular la ejecución total, y no la orientación homosexual. El pensamiento Bíblico no condena tan fuertemente otros grados de afectividad entre personas del mismo sexo, como la tierna amistad de David y Jonatán y la de Ruth y Noemí.

Ya no compartimos las presuposiciones cúlticas que dan origen al Código de Santidad. Por lo tanto, aparentemente no deberíamos aplicar selectivamente unos preceptos y otros no, sino más bien catalogar enteramente al Código de Santidad como una colección de leyes rituales no normativas para la iglesia cristiana de hoy. Sin embargo, el Antiguo Testamento no hace una distinción sistemática entre la ley ritual (que no nos obliga) y la ley moral (que aún rige sobre nosotros). El juicio expresado en el Nuevo Testamento en cuanto a las prohibiciones veterotestamentarias es la norma que determina y distingue entre lo moral y lo ceremonial o ritual para los efectos de la iglesia cris- tiana. Próximamente veremos como Pablo parece interpretar los pasajes de Levítico que aluden al homosexualismo.

Pasando al Nuevo Testamento, el cristianismo primitivo hereda dos tradiciones distintas sobre la se- xualidad: A. El Judaísmo del siglo I, donde la homosexualidad es vista como vicio gentil, consecuencia de un espíritu idolátrico; B. y la visión estoica de la homosexualidad como perversión del orden natural.

En general, podemos notar que el homosexua- lismo no es un “issue” moral tan importante para la iglesia primitiva como lo era quizás para la sociedad greco-romana en general. Solamente aparece en las epístolas de Pablo en tres ocasiones, y sólo en una de ellas aparece integrado al tópico que se discute. Aún en este caso (Romanos 1) el material se expresa en términos tradicionales de la cultura greco-romana ajeno básicamente hasta ese momento al pensamiento bíblico, cuando éste entra en contacto con el mundo helenista, donde se desarrolla la homosexualidad de forma más evidente.

Hay consenso entre los comentaristas de que Pablo asume una actitud condenatoria, pero con ciertos atenuantes. Gregorio Ruiz opina que la homosexualidad se presenta como un pecado entre otros y la palabra griega “arsenokoitai” (acostarse con varones) reitera que lo que se condena son los actos homo- sexuales y no la mera orientación. Además, Scroggs dedica buena parte de su libro a describir las prácticas pederásticas (comportamiento homo erótico entre un adulto y un niño) helenísticas y a demostrar que ésta era la forma predominante de homosexualismo en el mundo greco-romano y por ende la que condena Pablo.

I Corintios 6:9-10

9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,

10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

I Corintios 6:9-10 (Versión Reina-Valera, Revisión de 1960)

El contexto de esta perícopa lo son ciertas prácticas que Pablo ha oído que suceden en Corinto. Estas prácticas exasperan a Pablo, porque son indicativas de que algunos corintios creían haber alcanzado un estado moral exaltado en el cual las reglas morales de sus vidas anteriores ya no aplicaban a ellos (I Corintios 4:8, 5:1, 2; 8:1-9). Pablo los confronta con una lista de personas cuyas prácticas los descalifican para el Reino de los cielos. Sin embargo, dentro del comportamiento de los corintios no se hace mención de personas ejecutando actos homo eróticos aunque sí se les alude en la lista. Este pasaje es un catálogo, cuyos elementos están unidos sin ningún orden claro en particular ni una relación necesaria entre si. Este género era popular en la literatura greco-romana y en el judaísmo helénico. En este caso se trata de un catálogo de vicios estoico tradicional. Los términos “malakos” (suave, pudiera traducirse afeminado) y “asenokoites” (el que se acuesta con varones) pudieran referirse al rol pasivo y al rol activo en la relación pe- derástica, respectivamente.

El término “malakoi” se usaba frecuentemente en el griego helenístico para referirse al compañero pasivo en la relación homo erótica. No así la palabra “arsenokoitai”, la cual no encontramos en ningún texto anterior a I Corintios. Scroggs demuestra que este vocablo es una traducción del hebreo “mishkav zakur” (acostarse con un varón) derivada directamente de Levítico 18:20 y 20:13 y usada en textos rabínicos para referirse al coito homosexual. La Septuaginta (El Antiguo Testamento griego) traduce Levítico 20:13 (“todo aquel que se acuesta con un hombre como con una mujer”) como “meta arsenos koiten gynaikos”. Con toda probabilidad es de aquí que Pablo acuña la expresión “arsenokoitai”. El uso de Pablo de este término pudiera interpretarse, por lo tanto, como presuposición y reafirmación de la condenación que hace el Código de Santidad de los actos homosexuales.

I Timoteo 1:9, 10

9 ...conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas,

10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina,...

I Timoteo 1:9-10 (Versión Reina-Valera, Revisión de 1960)

I Timoteo 1:9-10 es otra lista estoica utilizada para combatir maestros heréticos que se autoproclamaban “maestros de la ley”. Pablo introduce este catálogo de vicios para aclarar el lugar propio de la ley. Esta lista parece ordenar sus elementos con cierta relación entre sí. Se colocarían juntos “pornoi” (fornicarios, que puede denotar el que ocupa el rol pasivo en una relación homosexual), “arsenokoitai” (sodomitas, el que asume el rol activo) y “anclapodistai” (secuestradores, mercaderes de esclavos, en este caso pudiera referirse al que provee los “pornoi” que son usados por el “arsenokoitai”). De nuevo, se estaría condenando a la pederastia y no al homosexualismo en general, aunque el uso del término “arsenokoitai” parece presuponer la prohibición veterotestamentaria de los actos homo eróticos, como ya hemos visto. Aparentemente, la preocupación que subyace en éste y en el pasaje de I Corintios que ya consideramos es la visión estoica y su entendimiento de la homosexualidad como un vicio con orígenes en la intemperancia, la lujuria y la explotación de la persona con el rol pasivo.

Romanos 1:26, 27

26 Por ésto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza,

27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres y recibiendo en sí mismo la retribución debida a su extravío.

Romanos 1:26,27 (Versión Reina-Valera, Revisión de 1960)

Esta referencia bíblica está ubicada en una sección (1:18-32) escrita con propósitos teológicos y no éticos. El contexto teológico es la justicia y misericordia de Dios reveladas en Jesucristo. El argumento es el siguiente: como el mundo entero (judíos y gentiles) es culpable de pecado, la gracia (salvación) es enteramente un regalo de Dios y se extiende igualmente a judíos y gentiles.

El propósito de este pasaje no es presentar un código de ética sexual o advertir en cuanto a la realidad del juicio de Dios a aquellos culpables de ciertos pecados. Pablo más bien pretende hacer un diagnóstico de la condición humana desordenada. El pecado primordial humano es rehusar honrar a Dios y darle gloria (1:21), dándole la espalda a Dios para así caer bajo el poder del pecado. Dios manifiesta su ira dejando que la idolatría corra su curso autodestructivo. La homosexualidad, por lo tanto, no es lo que provoca la “ira de Dios” (1:18), sino más bien una consecuencia de la decisión de Dios de permitirle a las criaturas seguir en sus propios caminos y deseos. Como diría Thielicke: un desorden en la dimensión vertical (Dios-hombre) está acoplado a perversión a nivel horizontal, intra-humano (hombre-hombre).

El catálogo de conductas injustas de Romanos 1:26-31 es una lista de síntomas, de la cual Pablo destaca la relación homosexual, no por ser un pecado particularmente reprensible, (no lo es más que el resto de la lista) sino porque provee una ilustración o imagen gráfica de cómo la caída de la raza humana distorsiona al orden creado. La actividad homosexual es un signo visible de una realidad interna y espiritual: el rechazo del diseño del creador. Sin embargo, esta ilustración o signo es secundaria a la estructura teológica básica, ya que su preocupación primordial no es atacar vicios específicos.

Tenemos otros aspectos en el pasaje que conviene discutir. Uno de ellos es el uso del argumento de la naturaleza. Este argumento era un recurso común del ataque greco-romano a la pederastia, por lo que muchos eruditos no lo relacionan necesariamente con teorías de ley natural o con los relatos de Génesis de la creación. La alusión a la homosexualidad femenina no está clara. Pudiera referirse a posturas antinaturales en el acto heterosexual por parte de la mujer. En el versículo sobre homosexualidad masculina se habla de hombre con hombre, sin cualificar. Pudiera ser un ataque a la pederastia, forma homosexual predominante en la época. Al decir: “...los hombres...dejando el uso natural...” supone una opción consciente por parte de hombres que practican la heterosexualidad, por lo que la preocupación pudiera ser el mantenimiento de la integridad matrimonial ante la tentación de envolverse en actos sexuales fuera del matrimonio. “Recibiendo en si mismos la paga adecuada a su extravío” pudiera referirse a enfermedades venéreas o a la distorción de la homosexualidad en sí como castigo.

III. Necesidad de un entendimiento más

cabal sobre nuestra identidad psico-

sexual.

* No se escoge sino que se descubre. No hay una ‘causa’ para la homo- sexualidad como tampoco la hay para la heterosexualidad. (Alan Bell, Kinsey Institute for Sex Research)

* Alan P. Bell y Martin S. Weinberg, ‘Homosexualities, a Study of Diversity among Men and Women’, informan que aproximadamente el 20% de los hombres homosexuales y una tercera parte de las mujeres lesbianas han estado en matrimonios y que una ter- cera parte han tenido hijos. Concluyen que solamente el 12% de los homo- sexuales y el 5% de las lesbianas se puede indicar que son emocionalmente disfuncionales.

* No hay disturbio emocional en los homosexuales ni en los heterose- xuales, según estudios de la Dra. Evelyn Hooker.

* Estudios indican la homosexualidad puede ser un 4% entre varones y 2- 3% entre mujeres. Un 18% de los adolescentes tienen dudas sobre su identidad; 37% de varones y 13% de mujeres han tenido una experiencia homosexual durante la pubertad.

* La identidad y conducta sexual se de- fine como Heterosexual, Bisexual, Pseudo-Homosexual y Homosexual.

* La conducta de promiscuidad sexual entre heterosexuales y homosexuales es el motivo de condenación en la Biblia.

IV. Las posiciones de exponentes contem- poráneos en la Teología Moral:

1. CURRAN, CHARLES E. (Católico Romano)

* La teología moral CR ha enfocado es- tos asuntos estrictamente desde el análisis de Ley Natural.

* El uso fundamentalista de las Escritu- ras no es correcto al usarlas como ‘versículos de prueba’ aislados de la exégesis.

* Teólogos morales contemporáneos, tanto CR como protestantes concuer- dan que las Escrituras no tienen un monopolio o sabiduría en asuntos éti- cos por lo cual no deben constituir la única fuente para el trato de proble- mas éticos.

* Teoría del Compromiso: La entiende como la única alternativa viable puesto que:

- la persona homosexual no es res- ponsable de ello

- la relación matrimonial heterosexual debe permanecer como el ideal

- no se puede afirmar que la identidad psico-sexual se puede cambiar me- diante terapias de modificación de con- ducta.

- para las personas claramente defini- das en su identidad homosexual el celi- bato y la sublimación del impulso sexual y afectivo puede no ser posible;

- no quiere decir que se justifica la promiscuidad o inmoralidad sexual al igual que no se justifica para los heterosexuales.

- Concurre con la posición de KIMBALL JONES, PAUL LEHMANN y JOHN I. MacNEILL, S.J. que ‘la Iglesia debe tomar el difícil pero necesario paso de reconocer el valor de relaciones homo- sexuales maduras y estimular la fideli- dad en vez de una vida promiscua. Esto no quiere decir que se valide toda expresión de homosexualidad.

2. McCORMICK, RICHARD S.J. (Católico Romano)

* Uno de los más notables moralistas CR en el mundo de habla inglesa.

* El principio normativo debe ser la relación permanente y comprometida en el matrimonio heterosexual.

* Indica que la posición oficial CR fue establecida antes de que se concluyese que la orientación sexual de una per- sona no es escogida y que es, en gran medida, irreversible.

* Por ello, se pregunta si este cono- cimiento debe tener peso en la evalua- ción de la conducta homosexual.

* Llega al punto medio de establecer la relación hombre-mujer heterosexual como la norma, pero también re spon- der a las personas que son ‘irrever- siblemente homosexuales’ y no se pue- den mover a la intimidad sexual de una relación hombre-mujer y que además, no están llamados a ser cé- libes por razón del Reino.’ Indica que el exigir tal cosa de quienes no están llamados a ello es ‘destructivo y desin- tegrador’.

* Cada persona en esa condición debe hacer esa evaluación ante Dios. No se puede juzgar a alguien por lo que le es imposible. Por ello, una relación monógama y comprometida, aún no siendo el ideal, no se puede juzgar como inmoral si ocurre en una relación monógama y comprometida.

* Principio de ‘Razonabilidad propor- cional’ (Proportionate Reason).

* El valor que se desea es al menos igual al que se sacrifica y no tenemos otra alternativa menos dañina.

3. PITTENGER, NORMAN W. (Episcopal)

* Comienza con una definición del tér- mino ‘pecado’ de acuerdo a la teología clásica: es el espíritu con el cual se comete el acto y la intencionalidad del mismo.

* Ello infiere la voluntad de cada parte y que ninguna está usando o abusando de la otra, tanto en una relación hete- rosexual como homosexual.

* No se debe considerar aisladamente del contexto de la necesidad y calidad de la relación interpersonal humana.

* Las relaciones homosexuales que están dentro de estas condiciones, con- tribuyen a la realización emocional de dichas personas.

* Este punto fue enfatizado por Santo Tomás de Aquino en el concepto de que nada es ‘malum in se’ (malo en y por sí mismo). Aún con su visión estática y rígida, pudo reconocer que el bien o el mal está en el contexto que contribuye o no a un fin que en sí es considerado como bueno.

* Aún el mismo concepto de ‘Ley Natu- ral’, en vista del conocimiento, el de- sarrollo de nuestra identidad sexual, una persona heterosexual y una per- sona homosexual, actúan ‘natural- mente’ de acuerdo a ello.

* El concepto de Ley Natural de Aquinas, en resumen, se refiere a la capacidad del ser humano para ‘evitar el mal y hacer el bien’. No se debe utilizar para condenar el uso de métodos anticon- ceptivos, porque termina convirtiendo el principio de Ley Natural en una ‘nueva variedad de legalismo de la peor clase.’

* Propone la vía también utilizada por Aquinas basada en ‘el amor en nues- tros corazones’ para que podamos lidiar con asuntos de teología moral.

* ‘Debemos escuchar a nuestros ante- pasados, pero reconocer que aún el más sabio, no era infalible… por lo cual puede que lleguemos a estar en des- acuerdo con esas valiosas mentes del pasado…. Porque ellos no sabían lo que nosotros sabemos sobre la homo- sexualidad porque ellos eran personas de su época…’

* No se puede pedir a un heterosexual que se sienta feliz y realizado en una relación homosexual. Tampoco se puede pedir de una persona homo-

sexual. Pedir a la persona homosexual que reprima mediante el celibato su expresión emocional y sexual es ‘distorcionar su identidad’.

* Nada de lo anterior debe interpretarse como una aprobación de la promiscui- dad ni ninguna desviación emocional que utilice la sexualidad para hacer daño a otras personas.

4. En el ámbito Anglicano, desde Richard Hooker se insistió en alejarse la `bibliolatraia' como método para la determinación de asuntos morales. El Movimiento de Oxford en el Siglo 19 dio énfasis al desarrollo en la teología moral Anglicana con tales autores como James Skinner (Sinopsis de Teología Moral y Ascética, 1879); Kenneth Kirk (Principios de Teología Moral, 1920) y otros. La tendencia ha sido alejarse de la identificación de un código inmu- table según Aristóteles, Aquinas y Kant para moverse a encontrar significado en una historia y la experiencia. Kirk señala que `las clasifica- ciones definidas en la teología escolástica so- bre virtud, etapas de progreso y operación de la gracia, resultaron inadecuadas a los fenó menos que querían definir y hoy están medio olvidadas e inoperantes.’

En el tiempo moderno, la teología moral Angli- cana se ha distinguido por el desarrollo de la Ética Situacional. Ello es una forma para llegar a decisiones morales y no un cuerpo de leyes morales ni un abandono de los principios morales cristianos. Su fundamento es la Ley del Amor como la única necesaria en la toma de decisiones morales. En la Ética Situacional se evitan los extremos del legalismo de la teología moral tradicional y el relativismo. El fundamento teológico básico es la Encar- nación como fuente principal de la acción de Dios en el mundo y el valor de nuestra humani- dad asumida por Dios en Cristo. El principal exponente lo fue Joseph Fletcher quien indica que su trabajo no es exctamente Nuevo, sino un Nuevo enfoque que toma en consideración no solamente los principios de la teología moral tradicional, sino los aportes de las ciencias y la crítica bíblica contemporánea.

5. NELSON, JAMES B. (Seminario Teológico Unido, Minnesota)

* Es curioso como muchos cristianos tratan las referencias a la homosexuali- dad en la Biblia en forma tan literal, mientras interpretan otros textos de otros temas con bastante flexiblidad y no literalmente. Por ello, plantea cuatro principios en la interpretación bíblica:

- Jesucristo es el medio para la invitación de Dios para la in- tegridad y comunión hu- mana.

- Se debe tomar en conside- ración el contexto histórico de los escritores bíblicos y la pre- sente situación.

- En el estudio de la Biblia, de- bemos tener en cuenta la rela- tividad cultural del pasado y presente.

- Nuestra interpretación debe estar informada por la reve- lación de Dios en otras discipli- nas del conocimiento humano.

* En la Biblia no se habla sobre la orientación homosexual sino sobre ac- tos homosexuales por tener el con- cepto de orientación psicosexual ac- tual. Las referencias son sobre actos homosexuales por personas que eran tenidas como heterosexuales.

* El texto de Génesis 38:1-11 (la historia de Onan) pone el énfasis en la impor- tancia de la procreación necesaria para la tribu nómada que se refiere. Por ello, también se condena la masturba- ción masculina, pero no la femenina.

* El texto de Génesis 19:1-29 sobre Sodoma y Gomorra es interpretado en relación a la violación de ley de hospi- talidad al extranjero y como violación a la justicia social. El término yadah no solamente quiere decir conocer sexual- mente, sino también saber quienes son.

* Este es el pecado de Sodoma según Jueces 19:1-21;25, Ezequiel 16:49-50, Isaías 13:19, Jeremías 49:18; 50:40 y Lucas 10:10-13.

* La interpretación sexual proviene del Libro de Jubileo en el período inter- testamentario que se refleja en los escritos tardíos del N.T. II Pedro 2:4-10 y Judas 6-7.

* Lo que podemos afirmar de los textos del A.T. es que la prostitución mascu- lina es condenada porque representa el culto de dioses ajenos y se rechaza el monoteísmo. (Deuteronomio 23:17; I Reyes 14:24; 15:12; 22:46)

* Esta es la referencia a los Ritos de Fer- tilidad del culto pagano que conllevaba orgías sexuales y prostitución mascu- lina, femenina y de niños/as.

* Igual sucede con el texto de San Pablo a los Romanos 1:18-32 sobre el am- biente moral en la Roma helenística en que los actos homosexuales conducen a la idolatría.

* El uso de la metodología de análisis de San Pablo hoy nos debe llevar a discu- tir el asunto de la homosexualidad con una interpretación bíblica profunda, lo mejor del conocimiento y de la expe- riencia que podamos tener.

* Si hoy podemos cuestionar las palabras de San Pablo sobre el status de la mu- jer y la tácita aceptación de la esclavi- tud, también debemos poner en con- texto sus expresiones sobre la homo- sexualidad.

JENNINGS, Theodore W. (Seminario Teológico de Chicago)

* Plantea el asunto de la discusión sobre la homosexualidad como uno de los asuntos más importantes en la deli- beración de muchas denominaciones. Indica que muchas de las luchas se hacen sin ‘la necesaria reflexión teológica’.

* Propone estudiar cómo los principios fundamentales de la teología cristiana nos ayudan en estos asuntos com- plejos.

* Propone el principio básico expuesto por Kart Barth a los efectos de que ‘la suprema intención de Dios es justificar, salvar y redimir la humanidad sin dis- criminar entre las personas sino sola- mente en base a la elección de Dios.’

* Por ello, ninguna condición o acto hu- mano constituye una barrera insuper- able a la Gracia de Dios.

* El Segundo principio es ‘la universali- dad del juicio de Dios por lo cual nadie está en si mismo justificado’. Por ello, el evangelio rechaza toda intención de presentarnos como ‘justos o injustos.’

* En la condición humana, no podemos hacer una distinción fundamental en- tre la condición heterosexual u homo- sexual porque en ambas hay la condición de pecado de la raza hu- mana.

* En el aspecto ético, afirma otro prin- cipio de Barth al efecto de que ‘nuestra humanidad, caída y redimida, es una co-humanidad entre varón y hembra.’

* Dicho principio, sin embargo, no puede ser tomado únicamente desde un en- tendimiento sexual o genital. La dife-

rencia entre los seres humanos, real- mente nos habla sobre las diferencias entre nosotros y como superarlas para alcanzar una más perfecta humanidad.

* El argumento de “Ley Natural” no puede ser aplicado únicamente a la homogenitalidad, sino que también tendría que aplicarse a la masturbación y a la sexualidad no genital entre esposo y esposa que no tienen la pro- creación como su propósito.

* El uso de las escrituras no debe con- sistir en una serie de ‘textos de prueba’ porque nos lleva a aceptar una her- menéutica estática.

* La reflexión teológica no funciona en un ‘vacío’ sino en el ‘diálogo’. Mi posi- ción es que miremos ‘como por un espejo’ porque nuestra capacidad de entendimiento será solamente tan grande como el proceso que la Iglesia desarrolle para alcanzar mayor lucidez antes de aquel final ‘en que conocere- mos cómo somos conocidos’.

7. INFORME DE LA CONVERSACION SOBRE SEXUALIDAD HUMANA (Anglicano)

* En el 1999, luego de la Conferencia de Lambeth, el Arzobispo de Canterbury, George L. Carey, siguiendo la Re- solución 1.10 de la Conferencia de Lambeth del 1998, invitó a Canterbury un grupo de 12 obispos y primados para considerar el tópico de la sexualidad humana y la homosexuali- dad en particular. Este grupo se re- unió a través de tres años. El grupo fue presidido por el Obispo Frank T. Griswold.

* El propósito fue el profundizar en el entendimiento de los puntos de vista, perspectivas culturales y teológicas de otros.

* El Arzobispo de Canterbury indicó que el propósito no era ‘resolver las dife- rencias’ sino profundizar en el diálogo y entendimiento sobre el tema.

* El Informe Final de este grupo indica que ‘hemos llegado a valorizar y respe- tar el valor de la Comunión Anglicana.’ Nuestra unidad se fundamenta en la fe de los credos, en la Palabra y Sacra- mentos y en nuestra oración común.’ Ello nos ayuda en el proceso de pro- fundizar en el proceso de ser cada vez más una Comunión.

* Nuestra diversidad cultural, histórica y eclesiológica enriquece nuestra vida en común. Nuestra diversidad requiere paciencia con los otros.

* No estamos ajenos a la gravedad del cambio en la enseñanza tradicional sobre la sexualidad humana.

* Sobre el tema de la homosexualidad, tenemos muchos puntos en común, aunque hay puntos críticos en des- acuerdo.

* Al reflexionar sobre la Conferencia de 1998, creemos que el proceso ‘legis- lativo’ no es adecuado para discernir ‘la mente de Cristo’ en estos sensitivos asuntos. Solamente mediante la con- tinuada conversación podemos ‘escu- char lo que dice el Espíritu’.

* Creemos que la comunión entre noso- tros crecerá si ‘hablamos la verdad en amor’. Lamentamos haber respondido a las ‘medias-verdades de otros’.

* Nos comprometemos a continuar es- cuchando en un espíritu de hospitali- dad abierta para con los demás. Es- timulamos el desarrollo de tales con- versaciones entre el clero y laicado en las provincias y diócesis.

* Estamos de acuerdo en los siguien- tes puntos:

- Las Sagradas Escrituras son la fuente de nuestro trabajo.

- El asunto central es la con- ducta homosexual y no las personas.

- La homosexualidad es algo muy variado y no hay ‘resul- tados finales’ del campo médi- co.

- El asunto de la homosexuali- dad no nos debe distraer de otros asuntos importantes en nuestra misión.

- Se debe fortalecer la familia y

el matrimonio.

- Afirmamos la Sección 5 del Informe sobre Sexualidad que indica que toda explotación sexual es contraria a la vida cristiana.

- No queremos fragmentación en la Comunión Anglicana y el asunto de la homosexualidad no puede ser más central que nuestra atención a Dios.

* No estamos de acuerdo en los sigui- entes puntos:

- No pudimos definir un patrón uniforme de vida moralmente cristiana para las personas homosexuales.

- Tenemos diferentes percep- ciones sobre la relación de la autoridad de las escrituras a la Razón, la Tradición y la Experi- encia Contemporánea.

- Tenemos diferentes formas en la interpretación bíblica.

* Creemos que estos son frutos de nuestro diálogo:

- Se han fortalecido las rela- ciones, se ha ganado en res- peto, afecto y aprecio de unos con otros.

- Se han clarificado las diferen- tes convicciones.

* Puntos para reflexión posterior:

- ¿Debemos excluir o incluir la actividad homosexual en rela- ciones comprometidas y monógamas?

- ¿En qué puede consistir una respuesta pastoral amorosa y responsable a las personas homosexuales?

* Recomendaciones:

- Que haya oportunidades para conversación estructurada so- bre estos asuntos difíciles.

- Se debe profundizar el diálogo entre provincias y obispos.

- Se deben tomar en cuenta las implicaciones ecuménicas y el impacto en la Comunión Angli- cana.

- Que la Comunión Anglicana sea un vehículo de Dios para la reconciliación de todos en Cristo.

La vision pastoral de la Iglesia Episcopal está dirigida a nutrir y edificar la comunidad de fe para que cada persona pueda crecer en fe y entendimiento de la misma para que disfrute en el presente y en la vida venidera de la salvación ganada para nosotros por Cristo. La Iglesia Episcopal y el Anglicanismo no son legalistas sino que por sobre todo buscan la santificación del pueblo de Dios.

 

REFERENCIAS UTILIZADAS:

ACEVEDO, Carlos Aníbal, ‘Cristianismo y Homosexualidad’, 1992

BATCHELOR, Edward, ‘Homosexuality and Ethics’, 1980

BRILL, Earl H., ‘The Christian Moral Vision’, 1979

FAGAN, Sean, ‘Does Morality Change?’, 1997

GENOVESI, Vincent J., ‘In Pursuit of Love’, 1996

SYKES, Stephen, BOOTY, John, ‘The Study of Anglicanism’ 1988

WILLIS, Garry, ‘Papal Sin’, 2000

ELMEN, Paul (Editor), ‘The Anglican Moral Choice’, 1983


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